Descubriendo el dominio de Tignes-Val d’Isere, Espace Killy

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Tras varias tentativas frustradas, visité –por primera vez– los Alpes franceses la semana del 4 al 10 de febrero. La estación escogida fue uno de los dominios esquiables más grandes de Europa: Tignes-Val d’Isère. Ubicado en el departamento de la Savoia, el conocido como Espace Killy se divide en dos sectores: Tignes (que a su vez está compuesto por los núcleos de Les Brébières, Tignes 1.800, Tignes 2.100, Tignes-le-Lac y Val Claret) y Val d’Isere (una zona mucho más boscosa que incluye el pueblo de Val d’Isère, La Daille, y los núcleos Le Laisinant y Le Fornet). Un total de 300 quilómetros esquiables (153 pistas) con 1.900 metros de desnivel y 78 remontes.

Descubriendo la estación

El punto más alto de la estación, el mirador de La Grande Motte, está a 3.456 metros, y corona un glaciar en el que se puede esquiar durante todo el año (verano incluido). Por estas peculiaridades (creo que nunca había estado a esta altura), y por los medios que te llevan hasta allí, decidí registrar un track con la app Ski France entre este punto y Val Claret, que es donde me alojé.

La semana que estuve allí estuvo marcada por la nieve y la niebla, y hasta el jueves (9 de febrero) no descubrí que, tras las espesas nubes, se escondía el cielo más turquesa que había visto jamás. Y ese día fue el único que de aquella semana que abrieron la zona del glaciar.

La subida al Glacier

La forma más típica (y a su vez atípica) de llegar hasta allí es cogiendo el Funicular Perce Neige, que sale de Val Claret y llega a la cota 3.020 de La Grande Motte (hasta este punto también se puede llegar cogiendo dos telesillas). Es como un metro que sube a una velocidad espectacular: 10 m/s (360 km/h) de mediana. Y de la cota 3.020 se coge el teleférico de La Grande Motte, que te lleva hasta la cima.

Cuando llegué arriba, se me cortó la respiración. Literalmente, porqué mis pulmones no estaban habituados a estas altitudes, y metafóricamente, porqué las vistas eran de película. A parte de los glaciares, ahora congelados, y de todos los picos del valle, mi cámara encuadró las cimas más míticas de los Alpes, de entre las cuales destaca, imperiosa, la del emblemático Mont Blanc (la más alta de Europa). Y mientras yo admiraba esa belleza, el resto de esquiadores empezaron a desfilar, hecho que me permitió hacer buena parte del descenso en solitario.

La bajada estupenda hasta Val Claret

El recorrido -6,33 km de pistas rojas- tiene tres partes bastante diferenciadas, pero que se integran en perfecta comunión para que uno pueda coger distintas velocidades y aplicar todas las técnicas. El primer tramo es la pista del Glacier, una gran curva muy amplia de nieve polvo y muy nueva. Esta enlaza con la Rimy y la Face, también de nieve virgen, pero con una trayectoria más recta y lenta, hasta llegar a la Double M. Y como en todo el dominio esquiable, en el descenso hay muchos cambios de rasante que agudizan la sensación de adrenalina.

Justo al principio de la Double M, a mano izquierda, aparece una de las vistas más espectaculares de la estación: un gran acantilado encima de la pista y, al fondo, un Val Claret perfectamente encabido. Y de aquí hasta abajo las montañas no dejan de escoltarnos, ni las vistas del pueblo de guiarnos el camino.

El siguiente tramo transcurre justo por debajo del telesilla de Les Lanches, y los palos de la estructura dividen la pista por la mitad, convirtiéndola prácticamente en dos pistas paralelas. En este sector los amantes del freeride ya tienen la opción de salir de la zona delimitada y deslizarse sobre nieve completamente virgen. Y cuando la pista se separa del telesilla empieza un tercer tramo mucho más amplio, que inicialmente transcurre más lento que el anterior, hasta que después de una curva de derechas Val Claret aparece justo debajo con una gran nitidez; y como si fuera un imán que nos atrae, la pista se vuelve a empinar y a ampliar, ofreciendo a los amantes de la velocidad la opción de acelerar el ritmo hasta el final. Y precisamente en este tramo la app me permite constatar que superé mi récord de velocidad sobre los esquíes: llegué a unos 82 km/h que, si me permiten apuntar-lo, supera de largo todas las máximas que he registrado con la misma aplicación haciendo rutas de trial.

Volviendo a Tignes, pero, llegué a Val Claret muy satisfecha y admirada. Aquí os dejo el track para que podáis admirar también la belleza del recorrido.

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¡Descárgate la aplicación Ski France!

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Más información sobre Tignes http://www.tignes.net/ et Val d’Isere http://www.valdisere.com/

Articulo escrito por usuario Skitude @gemmiAS

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